¿Fracaso del neoliberalismo?

Por Julio Gambina*.

¿Fracasa el neoliberalismo o la desigualdad es la norma del desarrollo capitalista?

En variadas ocasiones escucho decir, o leo, que el “neoliberalismo” ha fracasado, y creo entender lo que se pretende trasmitir, especialmente cuando el que emite la opinión orienta sus conclusiones a la denuncia del impacto socioeeconómico regresivo. Pero, inmediatamente me surge la necesidad de explicar que las políticas económicas hegemónicas, llamadas neoliberales (no son nuevas ni liberales), no se proponen un objetivo de progresividad económica en la sociedad. Su objetivo es exacerbar la finalidad de obtención de ganancias. De hecho, se puede discutir si alguna vez la progresividad fue el objetivo de las políticas públicas del orden capitalista, cuando la progresividad suele ser producto de las luchas de los sectores subalternos, que le arrancaron mejores ingresos al capital.

Con las políticas keynesianas, entre 1930 y 1980, la “progresividad” está asociada a la máxima acumulación de poder popular. Esto se dio en el ámbito mundial, revolución rusa y bipolaridad sistémica mediante, entre el socialismo y el capitalismo. Se piense lo que se piense sobre lo que aconteció en la URSS hasta su debacle en 1991, lo cierto es que contrarrestó la ofensiva del capital. Se trató de un momento a la defensiva de la iniciativa política del capital, cuyo punto más elevado y último lo marcó la derrota estadounidense en Vietnam entre 1973 y 1975. Casi al mismo tiempo se lanzó la contraofensiva, con la experiencia monetarista liberalizadora del terrorismo de Estado en Sudamérica. La misma que constituyó el origen de la ofensiva capitalista en ascenso hasta la situación actual.

Nunca ha sido la “progresividad” el objetivo de la política económica en el orden capitalista. El objetivo histórico apunta a la producción de valor y plusvalor, de ganancia y acumulación, de valorización del capital invertido para una acumulación ampliada, que asegure la dominación del capital sobre la sociedad en su conjunto.

Claro que el capitalismo es una relación social sustentada en la explotación de la fuerza de trabajo y en el saqueo de la naturaleza, por lo que demanda consenso social para sus propósitos. Ese consenso le resulta negado y contrarrestado cuando se desarrollan formas de organización social que luchan por el logro de mejores condiciones de vida, sea en el campo de la lucha sindical, ambiental o contra el patriarcalismo. Esas y otras formas de confrontación con el “orden” del régimen del capital restan poder al objetivo de la ganancia, la acumulación y la dominación. Solo bajo esas condiciones de resistencia social es que las políticas de los Estados capitalistas promueven concesiones de contenido progresivo.

Dicho de otro modo, la política pública en el capitalismo pretende resolver la demanda esencial del mantenimiento y reproducción del orden social. Con consenso extendido acerca de que el capitalismo es el único modo de resolver la satisfacción de necesidades, hasta dónde ello es posible. Por lo que el ascenso de la protesta social organizada contribuye a la preeminencia de políticas de distribución del ingreso. Y en ciertas condiciones, de acumulación de fuerzas de poder popular, con tendencia a la mayor distribución de la riqueza.

Resulta elocuente en este sentido el último informe del banco Credit Suisse sobre la riqueza global.**

En un 2020 de pandemia, lockdown (cierre de empresas) e impacto recesivo en la producción mundial, hubo un primer impacto de retroceso en la generación y apropiación de riqueza desde enero hasta mayo. La recuperación desde junio generó una desigualdad acrecentada de la apropiación personal de la riqueza, altamente concentrada. Se destaca en el informe citado, en la página 17 que:

“Las diferencias de riqueza entre adultos se ampliaron en 2020 para el mundo (…) en la mayoría de los países.”

“El número global de millonarios se expandió en 5,2 millones para llegar a 56,1 millones…para pertenecer al 1% más rico del mundo. El grupo de alto patrimonio neto (UHNW) agregó un 24% más de miembros, la más alta tasa de aumento desde 2003.”

La gráfica de la pirámide de la riqueza es elocuente. El 1,1% de la población adulta del mundo, unos 56 millones de personas, cada uno con más de un millón de dólares, se apropian de 191,6 trillones de dólares, el 45,8% de la riqueza total acumulada hacia el 2020, año de la pandemia.

En la escala siguiente, los que acumulan riqueza entre 100.000 dólares y un millón, son casi 583 millones de adultos, el 11,1% del total. Ellos acumulan 163,9 trillones de dólares, un 39,1% de la riqueza total. Por debajo de ambas categorías los que tienen ingresos entre 10.000 y 100.000 dólares se suman 1715 millones de personas adultas que concentran el 13,7% de la riqueza. En la base de la pirámide, 2.879 millones de personas adultas, el 55% del total, con menos de 10.000 dólares de ingreso se apropian del 1,3% de la riqueza.

*Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor Titular de Economía Política de la UNR. Integra la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA.

Fuente: https://tramas.ar/2021/06/27/fracaso-del-neoliberalismo/

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